LA VERDAD SOBRE EL ADAGIO DE ALBINONI (Novela).
MIL NOVECIENTOS SETENTA Y OCHO.
En general, no se valora lo suficiente la importancia que tiene, para el correcto estudio de la Anatomía, el uso de cadáveres frescos. Los preparados a los que suelen tener acceso los alumnos de la Cátedra –deteriorados por el uso, de color grisáceo, friables, sin una demarcación neta entre los elementos a individualizar– dan una pobre idea de la estructura del cuerpo humano en todo su esplendor. El estudiante suele sorprenderse la primera vez que se le proporciona un cadáver reciente. Los músculos, de color rojo coral, se diferencian claramente de sus aponeurosis y ligamentos blanco–nacarados. La consistencia es firme: ofrece cierta resistencia al bisturí del investigador. Vasos y nervios se presentan en paquetes que conservan sus debidas relaciones. Tanto más cuando se trata de una persona joven, digamos de entre veinte y treinta y cinco años (no mucho menos, dado que los órganos mostrarían un desarrollo insuficiente), preferentemente varón. Quien haya completado sus estudios sin tener entre sus manos un cuerpo de las características antes enumeradas, incubará una falla en su formación básica difícil de subsanar a posteriori.
Es de lamentar que durante largos períodos –meses, aun años enteros– no lleguen cuerpos jóvenes en buenas condiciones a las mesas de disección. Aunque hay que reconocer que, desde hace ya algún tiempo, no estamos teniendo ese problema.
(Lo que antecede es el comienzo de la novela "La verdad sobre el Adagio de Albinoni". Si no la encuentra en su librería, puede solicitarla a la editorial:
http://www.edicionessimurg.com/)